«Vivo en una casa de los años 70 cerca de la Playa de Mil Palmeras. La fachada acumulaba tanta sal que las paredes parecían blancas, y el calor en verano era insoportable. El equipo aplicó un revestimiento térmico que no solo bloqueó la salinidad, sino que redujo nuestra factura de aire acondicionado un 30%. Lo que más me sorprendió fue cómo mantuvieron el tono terracota original, casi imposible de encontrar en materiales modernos. Hasta los pájaros han vuelto a anidar en los aleros, ¡sin corroerse las patas!»